Mugello es con casi toda seguridad uno de los
circuitos más bonitos del Mundial, tanto por su trazado como por su
privilegiado entorno, en mitad de la Toscana, a tan sólo unos kilómetros de la
cuna del Renacimiento. Pero si a eso le sumas el ser rossistas, este circuito
italiano se posiciona como uno de los más esperados del calendario.
Lamentablemente la espera, que parecía que iba a
saber a gloria, ha dejado un sabor muy muy amargo, difícil de quitar. No
obstante, hay ciertos brotes verdes que aunque nos cueste verlos por el palo
sufrido, están ahí y estaría bien tenerlos en cuenta para levantar el ánimo.
Además de esto, no hay que olvidar que lo de Moto3
fue una cosa espectacular y lo de Moto2, aún más. El despropósito que se montó
en la categoría intermedia fue digno de una película de Kubrick, sin sentido
ninguno.
Como siempre, os voy a intentar contar qué es lo
que pasó, de otro modo mucho menos “cordial” que el que utiliza la prensa, y
desde un punto de vista rossista, que estamos en Mugello.




