Si algo me ha gustado siempre del deporte, es esa sensación de que traspasa fronteras. Esa unión que puede crear en personas de diferente cultura, con vidas tan distintas. Incluso, en ocasiones, podemos ver cómo se unen dos aficiones distintas por un mismo objetivo.
Desde que tengo uso de razón me ha parecido que el
uso de la nacionalidad en él es una mera cuestión de orgullo para aquellos que
solo se fijan en los números, y aquellos que no son capaces de ver que precisamente
la bandera no debería tener tanto protagonismo.
Por supuesto, hay deportes y deportes. Concretamente
el motociclismo, es uno de esos en los que, a mi modo de ver, tiene menos cabida
el nacionalismo.
Sin embargo, la triste realidad es que cada vez se
radicaliza más en este sentido.




